La Resaca

La Resaca Nunca Descansa

Bitacora

Bunge y Freud

Posted on May 25, 2010 at 12:46 PM

"Mapa" del cerebro... una guia Filcar? o la tabula rasa a la que nuestras experiencias dibujan?

"Mapa" de Paris... podemos conocer Paris a traves de un mapa?

 

BUNGE Y FREUD

por Tato Psi

 

Mientras por estos días la polarización atraviesa estructuralmente nuestro escenario político, el psicoanálisis no es la excepción. Cual monopolio dirigido por Magnetto, las huestes de nuestra profesión aparecen despiadamente criticadas. Michell Onfray escribe en exclusiva la nota de tapa que aparecerá en NOTICIAS el fin de semana próximo bajo el título “La biografía que destruye a Freud”. Allí, explica cuáles fueron sus grandes mentiras terapéuticas y por qué lo acusa de mala praxis. Además, cuenta su ambición por el éxito y el dinero, los sueños incestuosos con su hija, sus elogios a Mussolini y su destrato hacia los pacientes, a los que trataba de “chusma”. No quedándose atrás Mario Bunge publicó días pasados en La Nación la nota que sigue abajo. En uno de los párrafos menos agresivos afirma que cuando le preguntan por los psicólogos argentinos el responde que "no los hay". Pensaba escribir algo sobre esto, pero se me ocurrió mejor convocar a una reflexión serena, sin entrar en la lógica imperante del "enemigo". Le propuse entonces a Eduardo Said, director de la carrera de Psicología en Uces, si quería entra en el debate y escribir alguna líneas. Su respuesta fue instántanea, ya había escrito y enviado a La Nación, una nota al respecto.

Le prometieron publicarla de inmediato, cosa que no sucedió hasta el momento. La Resaca entonces tiene el honor de publicarlo. La sustancia, el cerebro, las neurociencias, lo genético, lo determinado, lo simple, lo unitario o/y la pulsión, el inconciente, el fantasma, la sexualidad, lo social, lo complejo...

La alternativa de ser seres sometidos o libres, objetos o sujetos. Me remito tan solo a repetir una frase del maestro Ernesto Sábato: " No quiero conocer París por su mapa y su guía telefónica"... Y en sintonía uno dice, ni el universo del hombre por un mapeo cerebral

 

Aqui el articulo de Mario Bunge (La Nacion Martes 27 de abril de 2010)

La psicología argentina recién está naciendo (las negritas son de Tato)

La Argentina tiene 50.000 licenciados en psicología, 38.000 de los cuales trabajan en Buenos Aires. (Eso de que trabajan es un eufemismo: en realidad, no hacen sino escuchar mucho y hablar un poco.) Dicho de otro modo: el país tiene 150 profesionales por cada 100.000 habitantes, y la Capital Federal tiene unos 800. Esto es más que cualquier otro país latinoamericano. La psicología es la tercera carrera en popularidad en la Universidad de Buenos Aires. El país tiene varias facultades de psicología; de hecho, superan a las de ciencias. Y en ellas se enseña exclusivamente psicoanálisis: nada de psicología experimental; en particular, nada de psicobiología. Que es como si las facultades de ciencias sólo enseñaran física aristotélica, alquimia y biología medieval. ¿A qué se debe semejante hipertrofia y unilateralidad? Supongo que a dos motivos: a que la profesión rinde y a que la psicología criolla, copia de la vienesa o de la parisiense, es fácil de aprender y de enseñar. En efecto: esta seudopsicología no involucra razonamientos rigurosos ni trabajos de laboratorio. Sus practicantes no prosperarían en derecho, veterinaria ni ningún otro campo serio, en los que las pruebas valen más que las fábulas y las anécdotas. El psicomacaneo es la única carrera íntegramente hablada, en la que basta creer lo que dicen algunos libros cuya lectura está al alcance de cualquiera que sepa leer en castellano. No sólo no requieren conocimiento médico alguno, sino que exigen ignorar la medicina moderna, que sabe que los procesos mentales son cerebrales y que el cerebro está íntimamente conectado con los sistemas endocrino e inmune. Por este motivo, en el campo de marras hay tantos licenciados y ningún doctor: porque todo doctorado serio supone investigación original, y los psicoanalistas no investigan. Ni siquiera leen revistas científicas. En particular, no estudian el cerebro, que es como si los cardiólogos ignoraran el corazón y se limitaran a tomar el pulso. No fue siempre así. En efecto: en 1898, Horacio G. Piñero fundó el primer laboratorio latinoamericano de psicología. Pocos años después, José Ingenieros y unos pocos médicos más hicieron psiquiatría. (En aquella época, no había casos intermedios entre la sanidad y la locura.) Además, hubo algunos neurobiólogos, tales como el profesor Christofredo Jakob. Esos pioneros no hicieron investigaciones psicológicas, pero al menos no macanearon. Ingenieros fue el primer sudamericano que popularizó la psicología fisiológica. El descalabro comenzó en la década de 1930, con la difusión, en los quioscos de subte, de algunas obras de Freud que se vendían por monedas. Al mismo tiempo, abrieron sus consultorios los primeros psicoanalistas porteños, tales como Arminda Aberastury y su hermano Federico. (Yo fui amigo de Federico poco antes de que enloqueciera, e incluso presencié una sesión con una pareja de pacientes suyos.) La noche psicoanalítica, que cayó en Buenos Aires hacia 1935, persiste aún hoy, mucho después de haber clareado en Nueva York y otras grandes urbes. Alguien tendría que averiguar por qué no se han avistado complejos de Edipo en Arroyo del Medio ni en otras poblaciones rurales. ¿Será el aire puro o más bien el bajo ingreso de sus inocentes habitantes, que aún no saben que la manera más barata de lidiar con problemas personales es confesarse con un psicochamán? Durante mi reciente visita a la patria, di una decena de conferencias y concedí otras tantas entrevistas. Cada vez que me preguntaban la razón de mi rechazo al psicoanálisis replicaba que nadie había abierto un laboratorio psicoanalítico desde el nacimiento de ese negocio, en 1900. Y agregaba que las facultades de psicología criollas se parecen al proverbial restaurante que sirve guiso de liebre sin liebre, de modo que estafan a sus alumnos y a los contribuyentes. Y cuando me preguntaban por los psicólogos argentinos, contestaba que no los hay. La víspera de mi regreso tuve que retractarme de esta segunda opinión. Esto ocurrió gracias a que el doctor Daniel Flichtentrei, figura central de la prensa médica argentina, me presentó al doctor Facundo Manes. Desde hace unos años, Manes y sus colaboradores en el Instituto de Neurología Cognitiva y en la Universidad Favaloro han estado haciendo investigaciones psicobiológicas. Y, como cuadra a todo investigador de buen nivel, han estado publicando regularmente artículos originales en las mejores revistas internacionales. La próxima publicación del profesor Manes y algunos de sus colaboradores versará nada menos que sobre el libre albedrío, tema tan importante como descuidado por los psicólogos científicos. Su tesis es una que he sustentando durante medio siglo: que el libre albedrío no es una fantasía teológica, sino una realidad. Hoy día se lo puede explicar como uno de los rasgos de la actividad espontánea (no provocada por estímulos externos) de la corteza prefrontal. En suma, en la Argentina ha nacido finalmente la psicología científica. Y está destinada a crecer, a menos que la proscriba alguna dictadura. No teman los 50.000 licenciados en psicolabia, porque ésta tiene cuerda para rato, ya que la macana seguirá siendo más fácil que la ciencia. Al fin y al cabo, la medicina no ha desplazado a la homeopatía ni a la curandería. Hay una película sobre el padre Mario (a quien aplacé cuando rindió un examen de epistemología), pero no sobre el profesor Houssay. Tampoco tienen por qué temer los filósofos de la mente, que, como Freud, siguen especulando sobre ésta al margen de la neurociencia. (Wittgenstein dictaminó que es peligroso afirmar que se piensa con la cabeza.) A los estudiantes de filosofía no se les exige leer publicaciones de científicos ni de filósofos vivos: para ser estudiado en una facultad criolla de humanidades, es preciso exhibir el acta de defunción.

© LA NACION

 

Aqui la respuesta de Eduardo Said (Director de la Carrera de Psicología de Uces)

La psicología, el psicoanálisis, las neurociencias y Mario Bunge

La publicación privilegiada de una nota de Mario Bunge denostando al psicoanálisis, y la escasez argumental de sus juicios, hace que optemos por un curso diverso a la confrontación directa. Proponemos mejor un debate de ideas, un espacio abierto a la interlocución. Para el caso entre psicoanálisis y neurociencias.

Aún así no podríamos no detenernos en destacar algunas ignorancias. En las facultades de psicología, con sus matices y énfasis, el psicoanálisis se encuentra en un cruce discursivo polémico y enriquecedor con otros abordajes teórico clínicos tanto del campo psicológico: cognitivismo, teoría sistémica, gestalt, constructivismo, etc., como también del quehacer neurocientífico. Este cruce de saberes suele encontrar en las universidades sus entramados y diferencias. Campos abiertos a múltiples secuencias investigativas en curso, motivo de jornadas, congresos y todo tipo de encuentros. Basta entrar a las páginas Web para observarlo. Invitamos al lector a hacerlo. Sostener que el psicoanálisis produce un efecto de captura en el que la “inteligencia” argentina queda alienada por un parloteo sin consecuencias, equivale cuanto menos a devaluar su particular capacidad de abordaje crítico.

Asimismo, sostener que los llamados procesos mentales no son sino cerebrales y conectados con los sistemas endócrino e inmune, como afirma Bunge, es de un reduccionismo que anula el campo complejo y multifacético de las ciencias sociales. No hay lógica colectiva, no hay juridicidad, no hay determinación simbólica, solo conectividad neuronal-endocrinológica.

Afirmar que un sintagma complejo, como el de “libre albedrio” con un inmenso desarrollo en el campo de la interrogación ética, filosófica, jurídica, teológica, no es sino un rasgo de la actividad espontánea de la corteza pre-frontal, implica una posición animista que reduce el campo de la subjetividad, de la relación al prójimo, el campo político-social, a una “decisión” autonómica de las neuronas. No hay el Otro. La función de la palabra, el campo del lenguaje y de la ley se reducen a impulsos neuronales. En aras de la pretensión de cientificidad se cae en una hipótesis animista del cerebro que piensa por automatismo. Así, lo peor del oscurantismo puede tener la apariencia de cientificidad. El cruce de los cuerpos con el lenguaje requiere de un bagaje argumental conceptual complejo, y en ese punto el psicoanálisis propone desarrollos de una densidad y espesor que enriquecen las prácticas sociales que de allí se derivan.

Afirmar que el psicoanálisis “no involucra razonamientos rigurosos”, es insostenible. Bastaría abrir algunos textos de Freud y de Lacan para encontrar como su logicidad se vio exigida a compulsarse con distintas vertientes del saber humano en el contexto de cada época. Tomar el seminario de Lacan, es vérselas con la lógica,la matemática, la topología, la lingüística, la retórica, la filosofía, la teología, la literatura, el derecho. Y no como adorno intelectual, sino exigiendo al psicoanálisis y al psicoanalista, a este último con particular énfasis, a dar cuenta de los fundamentos de sus hipótesis y de sus actos. La polémica se juega en el plano teórico clínico, pero fundamentalmente sobre el plano de la ética.

Si se parte del cerebro y sus mapeos, si se elimina toda hipótesis de la formas del Otro social, se anula, se forcluye la posición sujeto. Y el riesgo es la manipulación supuestamente acrítica. Subjetividad, lazo al prójimo, quedan borradas por el mapeo cerebral. Es fácil de allí derivar a que toda psicología con pretensiones de cientificidad debería trabajar para los laboratorios psicofarmacológicos. La riqueza de la investigación sobre el cerebro puede deparar una renovada oferta de espejismos de colores. Los psicoanalistas no sostenemos una posición que prescinda de los cuerpos, ni por ende de las neuronas. Pero se trata de cuerpos que no son solo orgánicos; no son solo conectividades neuronales. Sino cuerpos marcados por el Otro, por el desgarro subjetivo y las palabras son un recurso mayor para disolver padecimientos, como lo son para generarlos. Por suerte, no todo el campo de la investigación en neurociencias tiene una postura equivalente. Muchos han salido del oscurantismo estilo Bunge. De otra parte también hay una interesante y fecunda interrogación dirigida desde el psicoanálisis a compulsar los hallazgos de las neurociencias con sus hipótesis y conceptos fundamentales. No ha habido demostración neurocientífica que diera por tierra las hipótesis psicoanalíticas. Casi se podría afirmar lo contrario. Pero es tema para debatir, aquietadas las aguas.

El discurso genera lugares, y el de Bunge en esa nota rescata el alumbramiento de la psicología argentina por las vías de las investigaciones del Dr. Facundo Manes. Supongo que esa misma trama discursiva lo coloca en exceso al Dr. Manes en oposición a la supuesta “charlatanería” psicoanalítica. Tal vez valga la pena poner estas cuestiones en polémica.

Categories: None

Post a Comment

Oops!

Oops, you forgot something.

Oops!

The words you entered did not match the given text. Please try again.

Already a member? Sign In

0 Comments

Recent Videos

1073 views - 0 comments
853 views - 0 comments

Featured Products

No featured products

Share on Facebook

Share on Facebook